El Prat es un municipio periférico de Barcelona crecido a raíz de la fiebre constructiva motivada por la
inmigración nacional. Poco queda del pequeño núcleo fundacional y las "masías" agrarias han estado amortizadas por el
aeropuerto y las industrias. Con este panorama de poco servía buscar los "colores originales". Planteamos, con los
servicios de Urbanismo Municipales, intentar corregir la endémica impersonalización de esa arquitectura de supervivencia
y plantear alternativas al creciente micro-intervencionismo en elementos aislados de fachadas y comercios.
En poco tiempo conseguimos encontrar valores plásticos en los modelos constructivos más especulativos, descubriendo que,
incluso esa pobre arquitectura, se podía corregir gracias al color y conseguir composiciones más atractivas. La carta de
colores es de pocos tonos pero propone más de treinta modelos de combinaciones posibles en función del modelo de bloque
plurifamiliar y sus elementos compositivos.
Para frenar el intervencionismo de "terracita y lavadero anodizado" se redactaron y aprobaron "las Ordenanzas del Paisaje
Urbano". En lugar de actuar en pasado y negativo, plantean tolerancias respecto a soluciones constructivas concretas y
materiales de mayor sostenibilidad ambiental y menor desgaste energético.